IES en Lenguas Vivas "Juan R. Fernández"

Discurso de Bompet

15/06/2008 22:46

Este acto no debería estar ocurriendo hoy. Pero ocurre.En una institución cuya especificidad es la formación de especialistas en lenguas extranjeras, hubiera querido dedicar este acto a hablar de Babel y sus metáforas, de la riqueza de los diversos mundos lingüísticos; hubiera querido citar a G. Steiner, cuando afirma que el políglota es un hombre libre, o a B. Whorf cuando nos alerta contra el empobrecimiento que representa la uniformidad en su maravilloso “En un mundo donde todo es azul, el azul no existe”. Hubiera querido hablar de lo que es la lengua para los individuos, las sociedades, las naciones; del papel del traductor no solo como mediador sino como actor imprescindible en la continuidad de las culturas y de la civilización. Y entrando en un terreno menos poético, filosófico y más científico, hubiera hecho referencia a los beneficios cognitivos del aprendizaje de las lenguas extranjeras y al rol central del docente en la construcción del yo social. Pero las circunstancias en que se desarrolla este acto me obligan a elegir otros ejes para mi discurso.

El IES en LV “J.R.F:”, nuestro Lenguas, viene de atravesar la mayor crisis institucional de su historia, historia que, como muchos de ustedes saben, se inicia cuando un visionario como Juan Ramón Fernández, entonces Ministro de Justicia e Instrucción Pública, firma en febrero de 1904 el decreto por el que se crea la Escuela Normal del Profesorado en Lenguas Vivas, con un proyecto y un perfil absolutamente novedosos para la época. Esta institución que fue evolucionando en el tiempo, incorporando nuevas carreras, revisando las ya existentes, adaptándose a las circunstancias históricas y a ese gran cambio que fue la traumática transferencia a las jurisdicciones en 1994, que no dejó nunca de hacer valiosísimos aportes a la comunidad desde su rol de formadora de formadores y de traductores, logró siempre mantener un muy alto perfil, una identidad propia y un nivel de excelencia académica que le valió reconocimiento nacional e internacional. Sin embargo, la autonomía que le confería su Reglamento Orgánico, redactado en 1957 y ratificado por Decreto presidencial en 1961, fue avasallada en mayo del 2007 cuando la gestión ministerial anterior ordenó su intervención.

Con el invalorable apoyo de muchos de los actores de esta institución, Alejandra Leoni, Diana Ardissone y yo asumimos el apasionante desafío de intentar reparar las dolorosas secuelas de la intervención y de imaginar y emprender la realización de proyectos concretos y, sin duda, ambiciosos si pensamos en el corto período para el cual hemos sido elegidos.

Consideramos imprescindible:

-recuperar los vínculos de respeto y cooperación entre todos los miembros de esta comunidad educativa, tarea ya iniciada por la Prof. Martha Méndez a cargo del Rectorado desde el fin de la intervención;

-relanzar el funcionamiento académico-institucional, cuya interrupción puso en riesgo la culminación de la implementación de los nuevos planes de estudio y su evaluación, paralizó la imprescindible transformación de los traductorados e impidió la organización de actividades académicas extracurriculares que siempre nos han destacado;

-revertir el aislamiento del IESLV respecto de las otras instituciones superiores de formación, con las cuales es imperioso retomar un trabajo conjunto que fortalezca nuestras potencialidades;

-relanzar la revista Lenguas V;vas.

Pero debemos asimismo ser creativos para imaginar nuevos proyectos e implementar nuevas formas de gestión, más transparentes y participativas. El sello distintivo bajo el cual nació el Lenguas Vivas fue, precisamente, la novedad, la vanguardia. Es ese rasgo el que queremos recuperar. Tenemos que preguntarnos qué es ser un visionario hoy y volver a pensar un proyecto institucional superador del que tuvo en sus orígenes –hace ya más de 100 años- y que sea verdaderamente vertebrador. Ese proyecto, que debe incluir la revisión de nuestro RO, no puede ser imaginado si no es en un marco de autonomía. Y es que es en el pleno ejercicio de la autonomía, de esa autonomía restringida de la que gozaron por mucho tiempo los institutos superiores y a la que J.R. Fernández llamaba “esa briosa independencia”, que esta institución dio sus mejores frutos y llegó a ser lo que es.

Autonomía significa, para el LV., que los diferentes estamentos -docentes, graduados y alumnos- puedan elegir a sus autoridades y representantes en el CD y así participar del cogobierno de la institución. Esto significa que hay un lugar desde el cual hacer política institucional, discutir ideologías, en suma, fomentar el juego de la vida democrática.. Significa, también, que la institución pueda llamar a concursos abiertos de antecedentes y oposición para cubrir las cátedras del Nivel Superior; ofrecer seminarios dictados por especialistas extranjeros y organizar y desarrollar la extensión, entendida como la transferencia de los conocimientos a la comunidad según la demanda social cada vez mayor en el campo de las lenguas modernas.

Solo con autonomía este instituto pudo innovar en los planes de estudio, anticipándose en algunos casos a los lineamientos que con posterioridad envió el Ministerio de Educación.

Solo con autonomía se pudo dar respuesta a la legítima aspiración de los profesores y traductores egresados de un instituto terciario no universitario de obtener diplomas de posgrado, al lograr establecer acuerdos con universidades extranjeras en momentos en que nuestra Ley de Educación Superior nos vedaba esa formación en el país. En una institución cuya especificidad la obliga a estar en permanente intercambio con un mundo plurilingüe y multicultural, estos acuerdos son imprescindibles. J. R. Fernández ya lo había entendido así cuando, en 1907, soñaba con enviar a todos los profesores del instituto a viajar uno o dos años por América y Europa para “adquirir nociones tales que, vigorizando toda instrucción recibida, les permitirían la perfecta enseñanza de los idiomas extranjeros”.

La defensa de la autonomía es parte constitutiva de la identidad de esta institución. Somos conscientes y respetuosos de nuestra pertenencia al sistema, pero también estamos convencidos de que necesitamos márgenes de libertad que nos permitan mantener intacta la capacidad de innovación para seguir imaginando proyectos y produciendo experiencias y conocimientos que beneficien a todo el sistema. Esta tiene que ser la hora del diálogo y la negociación con las autoridades ministeriales cuyo apoyo, sobre todo en lo que concierne la reforma del RO vamos a necesitar, de la comprensión y la colaboración de todos aquellos que nos apoyaron en estas elecciones, de un mayor compromiso y una mayor participación de los alumnos, de la confianza de los administrativos en estas autoridades que tendrán siempre el respeto y las buenas formas como consigna en el trato cotidiano.

 

Sabemos que la Ciudad de Buenos Aires vive un momento delicado: es uno de esos momentos en los que la gestión de lo urgente resta tiempo, energía y serenidad para pensar en lo importante y trabajar sobre ello. En lo que nos concierne, tengan la certeza de que vamos a seguir haciendo nuestros mejores aportes para contribuir a revertir el deterioro de la educación pública, colaborar en su transformación, enviar al sistema a profesionales formados con la más alta calidad académica, en resumen, para seguir siendo esa institución de la que históricamente la Nación primero, la Ciudad después y todos nosotros siempre pudimos enorgullecernos.

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